
Introducción: menos teoría, más cine
La Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2025 no fue especialmente arriesgada, pero sí dejó un puñado de películas que merecen atención real. Más allá del discurso institucional o las tendencias, hubo títulos que funcionaron por lo que son: cine que sostiene la mirada, que propone conflictos claros y que, en algunos casos, deja poso.
Este texto se centra en esas películas. Las que aguantan el análisis porque tienen algo que decir y saben cómo decirlo.
Los domingos: cuando el conflicto sí importa
La ganadora de la Concha de Oro no es una sorpresa, pero tampoco un trámite. Los domingos funciona porque todo está medido: no hay escenas de más ni subrayados innecesarios.
El punto de partida —una joven que decide meterse a monja— podría haber derivado en algo melodramático o moralista. Pero la película evita eso centrándose en lo incómodo: las conversaciones familiares. Ahí está lo mejor del film. No en lo que pasa, sino en cómo se habla de lo que pasa.
Lo más destacable es la tensión constante. No hay explosiones emocionales grandes, pero sí una incomodidad que crece escena a escena. La cámara se queda lo suficiente como para que los silencios pesen. Y pesan mucho.
No es una película “impactante”, pero sí sólida. Y eso, en este contexto, la convierte en una de las más valiosas del festival.
Los Tigres: cine de género bien hecho
Entre tanto drama íntimo, Los Tigres se siente como una película con pulso. Aquí hay historia, hay tensión y hay decisiones.
El planteamiento es simple: dos hermanos, un hallazgo peligroso y una serie de decisiones que se complican. Lo interesante es cómo la película maneja esa progresión sin perder ritmo. No se recrea ni se dispersa.
Funciona especialmente bien el uso del espacio. El entorno no es decorativo: condiciona lo que pasa. Hay momentos donde el paisaje pesa tanto como los personajes.
No es revolucionaria, pero sí efectiva. Y en un festival donde muchas películas parecen tener miedo a enganchar al espectador, eso se agradece.
Six Days in Spring: precisión sin concesiones
Esta es probablemente la película más “seca” de las destacadas. Six Days in Spring no intenta gustar ni facilitar las cosas.
Todo está reducido al mínimo: diálogos, movimientos, explicaciones. Pero eso no la hace vacía. Al contrario, obliga a mirar más.
Lo interesante aquí es cómo se construye la tensión sin necesidad de grandes giros. Cada escena añade una pequeña capa, y cuando la película termina, el conjunto tiene sentido.
No es una película fácil, pero sí muy controlada. Se nota que cada decisión está pensada.
Historias del buen valle: mirar sin explicar
La propuesta más distinta de todas. Guerín hace lo que sabe hacer: observar.
No hay una historia clara ni una estructura convencional. Lo que hay son fragmentos, momentos, gente. Y a partir de ahí, el espectador tiene que construir algo.
Puede resultar frustrante si se busca una narrativa tradicional. Pero si se entra en su lógica, la película tiene momentos muy potentes.
No es para todo el mundo, pero sí es de las pocas que realmente se sienten diferentes.
27 noches: un tema poco habitual
27 noches destaca más por lo que cuenta que por cómo lo cuenta. La historia —un hombre mayor enfrentándose a su identidad— no es algo que se vea mucho en cine.
La película tiene altibajos, sobre todo en el ritmo, pero hay escenas que funcionan muy bien precisamente por su sencillez. No intenta dramatizar en exceso algo que ya es complejo de por sí.
El mayor acierto está en el protagonista: sostiene la película incluso cuando el guion se dispersa.
Conclusión: pocas, pero claras
Si algo deja esta edición es que no hacía falta ver todo para encontrar lo interesante. Bastaba con centrarse en unas pocas:
- Los domingos, por su consistencia
- Los Tigres, por su eficacia
- Six Days in Spring, por su precisión
- Historias del buen valle, por su diferencia
- 27 noches, por su tema
No es un año especialmente brillante, pero sí uno donde algunas películas justifican el conjunto. Y eso, en un festival, ya es bastante.